
Un juego dónde las actitudes, las palabras, las acciones cuentan como el potencial de los objetivos que mueven a un partido en orden, se supone, a elevar la calidad de vida de las personas que componen la sociedad. Dónde los partidos no suelen estar de acuerdo es en los valores, las políticas y en la forma de llevar a cabo dicha mejora así como las personas destinatarias de estos beneficios. Un partido político puede pensar -por ejemplo- que es preferible que ciertas capas sociales no reciban la educación adecuada como el resto de la población, convirtiéndose dichas poblaciones en mano de obra barata... en definitiva, carne de explotación.
Sin duda cuando un partido político no desea apoyar en términos la igualdad a toda una comunidad sería muy importante y absolutamente legítimo solicitarle públicamente que nos lo expliquen y por qué no quiere apoyarles. Y esto es algo que ya ha sufrido Galicia respecto a los intereses de Madrid. Cuando vemos que algunas instituciones, locales y autonómicas, no ponen los mecanismos de mejora para que las personas en general adquieran habilidades y puedan empezar a trabajar o a vivir dentro de cierta igualdad, hablar de igualdad es hablar de la gran mentira de estos partidos por lo que muchos de ellos caen en graves contradicciones de coherencia interna.
En consecuencia decimos que no merecen nuestra confianza y dejamos de votarles. Los actuales protocolos puestos en marcha por los sucesivos gobiernos (regional y nacional) impiden sistemáticamente que una persona sin techo tenga adherencia a los tratamientos médicos o pueda cambiar su situación, así como a la realización de actividades formativas y de acompañamiento social sin condiciones que limiten el acceso, con un plan final de realojo en viviendas sociales accesibles a las economías humildes. Ciertamente, el gobierno del día a día tiene sin duda muchos matices que nos llevan al particular de que al político le llega tarde o temprano la hora de la verdad.
Son batallas no muy distintas del juego del pensamiento en las que las acciones y omisiones viajan en paralelo hacia esa especie de "suerte" final que nos obliga a estar atentos, sin dejarnos influir por el torbellino del entorno. Crisis y continuidad parecen ser la receta que nos ofrecen ahora cuando el trofeo de la fiesta ya se lo han llevado otros.
Luis Enrique Veiga Rodríguez
(Coordinadora Ciudadana Independiente y Comisión Sin Techo de la Coruña)
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