En general, se suele decir que es en ámbitos como la familia y la educación donde se inicia el deber de transmitir valores en relación con la igualdad, haciéndolo extensivo (este deber) a los medios e incluso a la esfera de la política por supuesto: un determinante del grado de madurez de la sociedad.
En este contexto se celebró el pasado día 8 el Día Internacional de la mujer trabajadora. A toro pasado, me ha sorprendido cómo un@s cuant@s que se autodenominan progresistas (lo fui en un tiempo) hayan puesto como nota dominante de su discurso y sus reivindicaciones, en distintas ciudades españolas, el cacareado derecho a decidir sobre el propio cuerpo (el aborto libre). Que sea eso lo que tienen que pedir en una efemérides tan señalada, anteponiéndolo a un trabajo más digno, así como una paga de maternidad para las futuras madres (entre otras peticiones) es significativo del sentido o tal vez la tergiversación que se está dando a ciertos valores en lo que significa de respetar el principio de apostar por la vida en todo lugar y circunstancia.
Miren por donde, tengo un hermano con síndrome de Down del que recuerdo las circunstancias de su nacimiento (era el séptimo y último hijo). Ella era una mujer de cierta edad con cargas de trabajo que le obligaban a desplazarse para poner escuela. Era maestra rural. Visto lo cual, podría pensarse que un séptimo hijo (incluso alguno de los anteriores) era potencialmente no deseado en su más cruda expresión. Sin embargo fue el nexo necesario para la supervivencia de todos, sin exclusiones. Y eso la revaloriza dadas las circunstancias en que se manejaba profesionalmente.
Luis Enrique Veiga Rodríguez
Publicado en : XORNAL21

No hay comentarios:
Publicar un comentario
No serán publicados los comentariosque contengan opiniones ofensivas o de mal gusto.