Naciste grande, Aylan.
A tan corta edad, has estremecido al mundo entero.
Has dado una bofetada a políticos y mandamases con tu presencia en la playa.
Cánada no supo ver tu grandeza.
Has sido capaz de hacernos ver la ruindad y mezquindad de nuestra sociedad.
De la codicia y crueldad de los políticos, obsesionados en lucrarse, cegados por una avaricia que les impide ocuparse de los problemas de las personas y sus pueblos.
Qué pronto se reúnen para salvar mercados y qué pereza y desconocimiento tienen ante los problemas de la gente y que ellos mismos han creado.
Ojalá tu muerte haya servido para hacernos ver, una vez más, la deshumanización, el egoísmo y la insensibilidad a la que hemos llegado.
Siempre estarás en mi corazón Aylan y he aprendido cómo la guerra puede matar la inocencia y la pureza, la justicia y la dignidad.
Creo que solo la naturaleza te supo entender, dejándote dulcemente en la orilla, con la caricia de las olas.
Jesús Eduardo Lacort
***Víctor
***Córdoba
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