lunes, 4 de mayo de 2015

VIVIR SIN MIEDO

Hace unos días se publicaba en la sección Cartas al Director en este diario un comentario mío sobre derechos civiles (Se Mata, Se Criminaliza). A la respuesta suscitada en el sindicato de la Guardia civil de Ourense (réplicasobre la Guardia civil) considero procedente hacer unas aclaraciones dada la advertencia de posibles acciones como autor de dicho texto.

Es mi creencia que con la entrada en vigor de la Ley Mordaza, el nuevo Código Penal y la nueva legislación antiterrorista, este tipo de advertencias se va a ver incrementado en la medida sin duda de provocar una mayor atemorización ciudadana. Dentro de ese contexto y la aparente inocuidad de dicho texto mío creo que existe efectivamente una clara voluntad de esa atemorización que debo considerar injustificada y fuera de lugar. En todo caso desearía puntualizar que el término brutalidad policial utilizado por mi es ambiguo como para que en él quepa un poco de todo.

Desde el historial represivo del post franquismo, con la  participación de la Guardia civil en los asesinatos del GAL (siempre según fuentes) a lo de los asesinatos en las vallas de Ceuta y Melilla que, como mucho, son argumentos a las mentiras del Gobierno y Guardia Civil sobre los inmigrantes muertos. No obstante se considera que es delictivo la falta de auxilio para cuánto más el uso de pelotas de goma y supuestamente de gas lacrimógeno cuyos primeros culpables serían quienes desde el Gobierno ordenaron disparar.

Como sindicato es evidente que la Unión de Guardias Civiles de Ourense está en su pleno derecho y seguramente en la obligación de ejercitar la labor ocasional de intentar lavar la cara del cuerpo; pero sin olvidar que a nivel individual o colectivo, cada uno somos lo que somos y pese a nuestros errores no debemos renunciar a ser mejores. Es mi creencia también de desde ese mismo estamento podría ser la circunstancia de que se condene con igual firmeza ese tipo de violencia que son los desahucios, ante un concepto de represión (la represión económica) que en nada beneficia su propia imagen cuando se ayuda a ejecutar sentencias que están abocando a muchas familias a la desesperación de la calle o al suicidio. 

Luis Enrique Veiga Rodríguez  (La Coruña)

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