Cada 10 de diciembre se conmemora del Día Internacional de los Derechos Humanos, que nos recuerda que cada vez es más necesario trabajar por la dignidad humana, para que ciertos derechos no sean pisoteados o se queden en meras declaraciones institucionales. Ante la incertidumbre de cómo abordar las raíces del desequilibrio social, cada vez hay más ricos y cada vez más pobres. Así están las cosas.
En este panorama los bancos de alimentos florecen poniendo de moda las recogidas de alimentos y productos que a lo sumo solo pueden quitar el hambre de hoy, pero no la de mañana. Por lo que nos encontramos ante un sistema inviable a largo plazo. Si no nos gusta cómo están las cosas cambiémoslas, y ello es indicativo de que hay que promover una especie de revolución social contra estas prácticas que en vez de socorrer nos estancan en la pobreza. La caridad es una virtud que a veces, de modo interesado, se reviste de solidaridad cuando su diferencia es que mientras la caridad se ejerce verticalmente, la solidaridad es horizontal, se ejerce entre iguales, de ahí la diferencia.
Creemos que somos solidarios cuando ofrecemos una bolsa de comida pero no parece que tal acción, con la mejor voluntad, deje de perpetuar el modelo social a combatir donde la gente no tenga que depender de un paquete de comida ajeno con el que comer. Entre otras razones porque el que ofrece hoy comida mañana no está libre de tener que aceptarla.
Luis Enrique Veiga Rodríguez
Publicado en : La Opinión

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