La justicia es una fuente de la que con cierta frecuencia manan decisiones asombrosas, como la sentencia que la semana pasada dictó un Juzgado de A Coruña. Un vecino de esta ciudad acudió a la sucursal bancaria para retirar de su cuenta ¡cinco euros! y le informaron que no se los podían dar porque ese dinero del que él creía disponer había sido engullido por las comisiones que cobra el banco y su cuenta no tenía saldo.
Cuando le comunicaron esta circunstancia, ¡voilá el delito!: el hombre levantó la voz, amenazó levemente al director de la oficina bancaria, saltó el mostrador, abrió un cajón, cogió los cinco euros que era la cantidad que consideraba suya y se marchó. La pena: dos años de cárcel, un castigo ejemplarizante seguramente para evitar que un peligroso ladrón ande suelto por las calles de la ciudad herculina. (LEER TODO)

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