O lo que es lo mismo, el posible crimen contra 43 chavales mejicanos que iban para profesores. Es bien conocida la masacre de Tlaltelolco y su total impunidad. El silencio funcionó entonces, con la complicidad de muchos. Nadie fue arrestado o condenado por dicha matanza, en 1968.
Pero el silencio de entonces ya no funciona. Los estudiantes mejicanos han iniciado marchas en todo el país porque no se creen las promesas oficiales de que se buscará a los desaparecidos y se castigarán a los culpables. Su disimulo es el mejor indicativo. Algo está podrido cuando el Ejército y la policía matan a sus ciudadanos en lugar de protegerlos.
Luis Enrique Veiga Rodríguez
Publicado en : La Opinión (de Málaga)

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