Decía el ingenioso y cáustico Mark Twain allá por el siglo XIX, supuestamente parafraseando al primer ministro británico Disraeli que en este mundo hay “mentiras, grandes mentiras y estadísticas”. Y algo de razón tenía con este pensamiento crítico. Y más a la luz de los tiempos que corren.
Si viviese hoy, en este XXI, el siglo de la sociedad de la información, de los billones y billones de datos, de las estadísticas de todos los colores, el autor de Tom Sawyer nos alertaría todavía más sobre estos porcentajes y medias y medianas y percentiles que a veces nos pueden marear, cabrear, poner en pie de guerra, y a veces nos pueden adormecer y creernos que vivimos en el mejor de los mundos.
Políticos y economistas no pueden vivir sin las estadísticas.
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