Los sin techo son la punta del iceberg de la pobreza. La exclusión social viene a ser el rostro menos amable de la igualdad.
Se produce a consecuencia de una disfunción del sistema social en el que el individuo se ve alejado (más bien expulsado) del grupo de pertenencia. A veces se inicia en la familia. El hecho de omitir toda práctica preventiva e integracional nos aclara la razón de tantos fracasos en los que más bien habría que dirigir los recursos a la causa, más que poner parches.
Hay muchas personas que carecen de un techo permanente donde vivir y se estima en cerca de 300.000 los residentes en infraviviendas, chabolas o pensiones baratas alimentando una bolsa oculta del sin techo de muchos miles de personas ¿Cómo puede hablarse de una sociedad del bienestar?
Una vez más surge la pregunta ¿quiere la sociedad que se inserten las personas sin techo?
Si ello es así, entonces hemos de plantearnos dónde está el Estado como garante de los derechos básicos para que esas personas pueda desempeñarse como tales.
El Gobierno, de momento, no ha ratificado la Carta Social Revisada de la UE e impide que recursos como la vivienda o el empleo (ejes contra la exclusión social) adquieran el valor de un derecho. Una vez más se deja a los sin techo como los grandes ignorados de esta sociedad.
Luis Enrique Veiga Rodríguez. Málaga
Publicado en : La Opinión - El Correo Gallego

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