Desde mi punto de vista ha sido una campaña que se parece a otras muchas anteriores con unos aspirantes haciendo casi lo mismo para atraer a un electorado desganado. Claro que ningún voto es despreciable o equivaldría a practicarse el suicidio. No: el elector sigue siendo algo vital. El día pasó y los interrogantes nos acechan. Hay cierto temor en los políticos, más bien incertidumbre.
Otros lo han expresado con un enorme disgusto: es el caso de Felipe González y se llama Podemos. Un cambio de ciclo se adivina en nuestra historia reciente (siempre hay un antes y un después). De ahí su miedo; no, su pánico. Ha llegado savia nueva al escenario político: de ellos dicen que es la extrema izquierda, y nos advierten, claro ¡Cuidadín...! Las palabras de los candidatos, a tono con su oferta ideológica.
En su soberbia. En el otro margen, el pueblo. Una vez más se ha manifestado. Y lo ha hecho con una madurez que disipa todas las dudas. Nosotros: sin más recursos que las palabras; en un clima de corrupción que ha empañado la atmósfera política. Y la gota que inesperadamente rebosó el vaso. De ahí su temor.
Luis Enrique Veiga Rodríguez
Publicado en : La Opinión

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