Dicen que una lectura positiva de la tragedia que originó la caída de las Torres Gemelas en Nueva York (la World Trade Center) podría ser la ola de solidaridad que se despertó entre la población americana. Un pueblo independiente y competitivo donde los haya que en ese momento se dio cuenta de que su vulnerabilidad era real. Y que debía permanecer unido por encima de todo. Ya no era el afán competitivo que le caracterizaba sino el solidario ante una tragedia común.
Tal vez en España esta conciencia colectiva se despertó un poco con la intentona golpista del 23-F. Y más tardiamente con el atentado en Madrid de Al Qaeda que supuso más de 300 víctimas entre familiares y amigos. Pero la memoria es frágil en general y por lo tanto sujeta a los vaivenes de cómo pinta la fiesta. Lo cierto es que tal vez parezcamos un pueblo indolente que al margen de cierta alma fatal, nos mostramos más bien algo fríos y distantes con las cosas que afectan a los demás. Vivimos en una especie de limbo en el que nada nos preocupa más que cuando la inundación nos ha atrapado a nosotros. O directamente no tiene solución.
Para eso de los problemas hemos delegado en nuestros políticos limitándonos a votar y esperar resultados por parte de quienes gestionan el país en función (teórica) de nuestros intereses, y no siempre es así porque sin ser cautelosos hemos puesto la zorra al cuidado del gallinero. Los abusos se producen por doquier con el despilfarro del dinero público y la crisis se agudiza. Una crisis de muchos miles de hogares sin ingresos en estos momentos; pero nosotros seguimos la orquesta con independencia de que el barco se hunda. Cuando llegue la hora de la verdad todos querremos escapar ante el miedo de hundirnos. Pero no te apures muchacho porque la crisis no es más un suspiro; para algunos con la respiración contenida.
¿Lo ves?, no te habías dado cuenta y era verdad, ya ha pasado todo.
Lo importante es que siga tocando la orquesta porque eso será sintomático de que hay ruido (un buen síntoma), aunque a muchos les habían cerrado ya los camarotes desde afuera.
Luis Enrique Veiga Rodríguez
Publicado en : La Opinión (de Málaga)

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