Es habitual que la política mezcle el interés público con el particular. Pero una alineación de este tipo exige una capacidad de conciliar los intereses comunes. Cuando esto no es así se produce un conflicto abierto en el que el interés público no suele ganar. Como excepción que confirma la regla, la presión social siempre ha servido para cambiar el curso de ciertas cosas. Y esto es necesario tenerlo en cuenta cuando se usurpan nuestros derechos.
Si el pueblo siguiera con más frecuencia el ejemplo de Gamonal seguramente que las cosas cambiarían. Es el caso de un pueblo que con sus movilizaciones ha parado un despropósito urbanístico que le iba a dar abundante dinerito a ciertos particulares, en detrimento del interés colectivo. A su vista el Gobierno está muy nervioso e intenta remediarlo cargando las tintas contra la ciudadanía que por una vez ha puesto las cosas en su sitio.
Pero no bajemos la guardia ni olvidemos que está en ciernes la aprobación de una Ley de Seguridad Ciudadana para intentar aplastar situaciones como la de Burgos u otras de similar calado.
Que la marea blanca haya obligado a abandonar el plan de privatización de la sanidad madrileña (que le iba a dar un dinerito a particulares) es el ejemplo de lo que podemos hacer para impedir que se ataque nuestro bienestar. Sabemos que lo volverán a intentar pero si acaso la lección que extraemos de momento es la que invoca la expresión ¡Sí, se puede! De modo que toca felicitar a quienes han abatido a esa gaviota de nefandas intenciones sobre la sanidad que ahora agoniza en tierra. Es otro ejemplo.
Luis Enrique Veiga Rodríguez
Publicado en : La Opinión

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